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La visión taoísta del mundo ha sido una de las más
influyentes en la civilización china. Algunos orientalistas calculan
de tres a cinco mil años de vida para este sistema de conocimiento.
El taoísmo es un camino de conocimiento para acceder a la experiencia
de conciencia global o Tao, al trascender la individualidad. La base de
este proceso es la observación. El Taoísta es un aprendiz
de la naturaleza, busca la comprensión directa y sin palabras del
universo, observando y experimentando sus movimientos y transformaciones.
Uno de los temas que ha generado más interés en la colectividad
taoísta ha sido la búsqueda de la inmortalidad. Muchos practicantes
perecieron en el intento al malinterpretar este concepto y ensayar con
misteriosas fórmulas alquímicas que proponían distintas
combinaciones de minerales y venenos con un supuesto poder para eludir
la muerte. Sin embargo, tal búsqueda de inmortalidad más
bien parecía sugerir la posibilidad de acceder en vida al cuerpo
de energía y su información ancestral, para lograr desplegar
la conciencia en el momento de morir igualándola con el Universo.
Esta estrategia parte del presupuesto de que es posible generar otra conciencia
más amplia si llegamos hasta nuestra naturaleza energética,
el cuerpo de energía. Lograrlo requiere redefinir el uso de esta
fuerza vital a fin de acumularla. Sin embargo, como en todos los colectivos
humanos, entre los mismos taoístas las opiniones fueron diferentes:
algunos desarrollaron diversos sistemas para transmutar y refinar este
cuerpo de energía al enlazarse con la naturaleza, tales como el
Tai Chi, el Chi Kung, el yoga alquímico, el Feng Shui y el I Ching;
otros simplemente insistieron en el cultivo de la espontaneidad como principal
ruta de navegación hacia la conciencia global.
El Feng Shui, particularmente, fue un sistema geomántico cuya práctica
permitía vincularse con los movimientos generales de la naturaleza
y sus cambios climáticos, así como con las influencias cósmicas
y telúricas de un lugar determinado para lograr una vida armoniosa,
plena y saludable.
Para acercarnos mejor al Feng Shui primero debemos familiarizarnos con
algunos conceptos esenciales de la filosofía taoísta, tomando
en cuenta que éstos en realidad son mapas que invitan a confrontarlos
con la experiencia propia.
El Tao
El Tao no es una idea o un concepto mental; es una experiencia “incomprensible e inexplicable” a la que se han referido maestros y eruditos como el vacío, lo indiferenciado, la conciencia global, el camino de la naturaleza, el misterio... Para acceder a tal vivencia, hay que ampliar la percepción del mundo que aprendimos dentro de una cultura determinada, a fin de volverla más abstracta; (2) se trata de desplazar la conciencia de un orden a lo indiferenciado, de la materia y la forma a la energía y la transformación.
Para esta filosofía práctica existen, al menos, dos grandes reinos de cognición: la razón –un canal angosto, unilateral y masculino-, y otro infinito que lo sobrepasa, mucho más antiguo, abstracto y femenino: Un canal de percepción secretamente anhelado y cuyo desafortunado alejamiento nos hace sentir eternamente incompletos. El salto de un canal a otro depende del uso especializado que le damos a la atención, un nuevo enfoque desacostumbrado:

La energía
El Chi o Qi se traduce del chino como soplo o aliento vital, aunque en
términos más modernos los llamamos energía. La energía
es la parte no visible de la forma y la materia; digamos que “no existe”
en el quehacer cotidiano debido a las discriminaciones preceptúales
que han impuesto la cultura, la sociedad y un estrecho sentido de identidad.
Médicos y exploradores taoístas de la conciencia, forzados
por la necesidad de darle un valor pragmático a la noción
de energía, distinguieron diversas pautas energéticas tales
como fluctuaciones, velocidades, funciones, intensidades, estructuras,
movimientos, direccionalidades, transformaciones, interrelaciones, intercambios
incesantes y diversos estados de conciencia. Esta “visión energética”
del universo tiene gran parecido con los nuevos paradigmas de la ciencia
moderna, en particular de la física subatómica.
Cuerpo de energía Para los taoístas, la naturaleza primordial
del organismo es una particular concentración de filamentos energéticos
que se mantienen agrupados por la fuerza de la vida. Entre las agrupaciones
energéticas principales se encuentran:
1. La energía ancestral, que surge de la fusión de infinitos
haces de energía pertenecientes al cosmos, la Tierra y la especie.
Esa energía original –que se recibe en el momento de la concepción-
se desplegará a lo largo de la vida, y luego mermará hasta
la muerte para integrarse en el universo; está dotada de tres facetas:
. Una energía antigua cedida por el cosmos, que incluye la totalidad
de experiencia consciente que poseía el universo hasta ese momento
(conciencia global o transpersonal. Una energía genética
que reúne la información que nos da la pertenencia al Phylum
o especie).. Una energía que impulsa hacia la diferenciación
de cada ser (ontogénesis o proceso de individualización).
La energía ancestral será la raíz de todas las potencialidades
del nuevo ser, y se estructurará en la profundidad del cuerpo energético
en una agrupación de filamentos energéticos llamados Vasos
Curiosos, que formarán los sistemas nerviosos y óseo, las
glándulas endocrinas y sexuales. Esta energía no podrá
incrementarse más allá de lo reunido en el momento de la
concepción y si se desgasta, menoscabará la resistencia
y el sujeto envejecerá prematuramente. 2. La energía adquirida,
que deviene del intercambio del ser humano con la vitalidad cósmica.
Se obtiene de la alimentación y la respiración, pero también
surge de los intercambios con las energías estelar, solar, lunar,
terrestre y de las relaciones interpersonales.
3. La energía protectora, que contiene la presión de las
influencias exteriores, da al organismo la posibilidad de adaptarse sin
brusquedades o menoscabo de la salud, por ejemplo, ante los cambios climáticos
o los intercambios emocionales intensos.
4. La energía Shen, el espíritu o conciencia de ser, que
se estructura en torno al corazón, se debilita con emociones desgastantes
como la ira, la envidia, los celos y los apegos, así como el abuso
de tóxicos como el alcohol y el tabaco. Sin embargo, se incrementa
con la quietud mental, el gozo de la naturaleza y las artes, el ejercicio
y la ampliación de las limitaciones perceptivas. El Yin y el Yang
El Yin y el Yangson las cualidades de un modelo explicativo dinámico
que utiliza el taoísmo para reflejar la apreciación dual
del Universo, la contradicción, el antagonismo, los procesos de
influencia, intercambio o intertransformación de dos funciones
generales de energía:
Una Yang, transformativa y expansiva . Y otra Yin, estructural e integradora.
Los ideogramas chinos que reflejan este dualismo se refieren a dos laderas
de una misma montaña: . Una Yang, soleada, seca y caliente, la
cara orientada al sur que recibe los rayos solares, donde la vida se manifiesta
con gran dinamismo.. Otra Yin, sombría, húmeda, densa, oscura
y orientada hacia el norte.
Sin embargo, ambas laderas son la montaña, dos facetas complementarias
de una misma realidad.
Este modelo dualista se enfoca como el zoom de una cámara fotográfica;
según el enfoque esclarecemos la dualidad energética en
un nivel u otro: el Yang en las zonas circundantes a lo enfocado, el Yin
en su centro y profundidad. Por ejemplo, si intentamos percibir a una
persona, su piel será su naturaleza Yang, mientras que sus huesos
serán su naturaleza Yin; si ahora particularizamos el enfoque en
sus huesos, la médula será Yin, pero el cuerpo óseo
será Yang. No hay una división excluyente entre estas dos
categorías energéticas y todo depende de la delimitación
del enfoque.
Si bien las funciones energéticas Yin y Yang se oponen, también
se complementan: el invierno, que es de naturaleza Yin extrema, se retira
al desplegar toda su potencia para favorecer la llegada de su contraparte,
el calor Yang, primero tímidamente con la primavera y en su máxima
expresión con el verano. Por tanto, Yin y Yang son fuerzas dinámicas
que se intercambian: los opuestos se exploran, danzan o luchan generando
ciclos de transformación.
El Yin y el Yang señalan la ciclicidad de la naturaleza: desde
la vibración y oscilación intraatómica hasta grandes
ciclos como los lunares, estacionales, astronómicos u otros, que
difieren por sus diversas velocidades, direcciones y desplazamientos.
| YANG | Cielo | Calor | Masculino | Luz | Sur |
| YIN | Tierra | Frío | Femenino | Oscuridad | Norte |
| YANG | Transformación | Cabeza | Piel | Pensamiento | Energía |
| YIN | Estructuración | Pies | Huesos | Intuición | Materia |
Lo espontáneo y la quietud
Si es que hubiera un principio sintetizador del conocimiento taoísta,
éste sería la espontaneidad: El no derroche de esfuerzos
innecesarios, la fluidez, la búsqueda del camino de menor resistencia,
la sencillez exquisita, el desapego, la ausencia de rutinas o exigencias
desgastantes, la conciencia del aquí y el ahora, el no tomarse
demasiado en serio, el saber reírse de sí mismo y de los
altibajos de la vida, el tener la capacidad de fluctuar entre las experiencias
más diversas sin perder el equilibrio.
La espontaneidad se necesita para establecer una relación más
abierta con la mente, por lo general prisionera de un terreno Yang extremo:
la cabeza, la velocidad, la tensión, el sobrecalentamiento –estrés-
y la parcialidad; esta posición unilateral del pensamiento favorece
los vaivenes de las emociones desgastantes. Pero de una nueva posición
energética más templada para el conocimiento, emanará
la quietud interior.
La quietud surge de la observación: la posibilidad de percibir
corporalmente al detener el flujo acelerado de pensamientos, consiguiendo
intuiciones profundas y nuevos estados de conciencia que nos acercan a
lo que los antiguos taoístas llamaron el conocimiento sin palabras.
Cuando nos vaciamos de creencias, juicios, pensamientos y presunciones,
una energía más antigua y abstracta puede habitarnos dándonos
una nueva perspectiva.
La quietud mental flexibiliza la rigidez de la razón y favorece
la configuración de un nuevo centro o sensación de ser,
una región energética situada bajo el ombligo donde se pueden
mezclar las energías Yang mentales y Yin intuitivas para encontrar
nuevas opciones de conocimiento.
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